Organización política anterior a la conquista
El nombre original guanche de la isla era Achinech o Chenet. Unos cien años antes de la conquista, existía un mencey llamado Tinerfe el Grande, hijo del Mencey Sunta. Tinerfe tenía su corte en Adeje hasta que sus nueve hijos se rebelaron y se repartieron la isla en 9 menceyatos y 2 achimenceyatos independientes (llamados capitanías por los conquistadores). Los menceyatos y sus menceyes (por orden de descendencia) fueron los siguientes:
Taoro: actualmente Puerto de la Cruz, La Orotava, La Victoria de Acentejo, La Matanza de Acentejo, Los Realejos y Santa Úrsula sus menceyes fueron Bentinerfe, Inmobach, Bencomo y Bentor.
Güímar: en la actualidad El Rosario, Candelaria, Arafo y Güímar y sus menceyes fueron Acaymo, Añaterve y Guetón.
Abona: Fasnia, Arico, Granadilla de Abona, San Miguel de Abona, Arona y sus menceyes fueron Atguaxoña y Adxoña (o Adjona).
Anaga: Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna (la zona de la propia laguna) y sus menceyes fueron Beneharo y Beneharo II.
Tegueste: Tegueste, parte de la zona costera de La Laguna y la propia vega lagunera, sus menceyes fueron Tegueste, Tegueste II y Teguaco.
Tacoronte: Tacoronte y El Sauzal y sus menceyes fueron Rumén y Acaymo.
Icode: San Juan de la Rambla, La Guancha, Garachico e Icod de los Vinos y sus menceyes fueron Chincanayro y Pelicar.
Daute: El Tanque, Los Silos, Buenavista y Santiago del Teide y sus menceyes fueron Cocanaymo y Romén.
Adeje: Guía de Isora, Adeje y Vilaflor y sus menceyes fueron Atbitocazpe, Pelinor, e Ichasagua.
También se encontraba el Achimenceyato de Punta del Hidalgo gobernado por Aguahuco (el "Hidalgo pobre", hijo ilegítimo del Gran Tinerfe) y Zebenzui.
Conquista
Conocida por los romanos como Nivaria (del latín nix, nivis, "nieve"), en clara referencia a las nieves posadas sobre el volcán conocido como el Teide. El nombre de la isla también guarda relación con el volcán, ya que fue puesto por los benehaoritas (aborígenes de La Palma): "Tene-" (montaña) "-ife" (blanca), la castellanización del nombre provocó que se añadiera una -r para unir ambas palabras quedando Tenerife. Para los nativos de Tenerife, la isla era conocida como Chenech, Chinech o Achinech. El Teide lo llamaban el Echeyde, la morada de Guayota el Maligno.
Tenerife a la hora de su conquista se componía de nueve menceyatos, nombre por el que se conocía a los pequeños reinos guanches. Sin embargo las fuerzas militares de la Corona de Castilla bajo el mando del Adelantado ("gobernador militar") Alonso Fernández de Lugo, sufrieron una derrota a manos de los guanches en la Primera Batalla de Acentejo en 1494. Los guanches, superados por la tecnología y por las nuevas enfermedades a las cuales no eran inmunes, cayeron frente a las tropas de la Corona de Castilla en las batallas de Aguere y Acentejo culminando la conquista en septiembre de 1496.
Como en el resto de las Islas, los aborígenes fueron esclavizados y una buena parte de la población indígena sucumbió a las enfermedades importadas, al mismo tiempo que los inmigrantes provenientes de protectorados del Imperio Español (Portugal, Flandes, Italia, Alemania) se asentaban en la isla. Los bosques de Tenerife se vieron gravemente afectados por la introducción del cultivo de la caña de azúcar a principios del siglo XVI. En siglos sucesivos, la economía de la isla se centró en el cultivo de otras materias tales como la vid y la cochinilla para hacer los tintes, así como el plátano.
El ataque de Horacio Nelson
Tenerife fue atacada, como las otras islas, por corsarios de varias nacionalidades (ingleses, franceses, holandeses y berberiscos) varias veces a lo largo de su historia, según el devenir de las alianzas y guerras de España. De entre estos ataques destaca por su lugar en la Historia el ataque de los británicos de 1797.
El 25 de julio, el Almirante Horacio Nelson atacó Santa Cruz de Tenerife, capital de la isla y Jefatura de la Capitanía General. Tras un feroz ataque, la defensa organizada por el General Gutiérrez repelió a los británicos. Nelson perdió su brazo derecho por una bala de cañón (dice la leyenda que del cañón "Tigre") mientras intentaba desembarcar en la orilla de la costa de la zona de "Paso Alto".
El 5 de septiembre, otro intento de desembarco en la región de Puerto Santiago fue repelido por los habitantes del Valle de Santiago del Teide, que lanzaron piedras a los británicos desde lo alto de los Acantilados de Los Gigantes.
Emigración a América
Tenerife, del mismo modo que otras islas, ha guardado una estrecha relación con América. Desde los inicios del proceso de colonización del nuevo mundo, fueron varias las expediciones que antes de surcar el atlántico hicieron escala en la isla y sumaron al pasaje numerosos tinerfeños que formaron parte integrante de las expediciones de conquista o que simplemente partieron en busca de mejores garantías de futuro rumbo al continente americano. A su vez, independientemente del tránsito humano fue importante el intercambio de especies animales y vegetales que se estableció entre las dos tierras.
Tras un siglo y medio de relativo crecimiento alrededor del año 1670 el complicado comercio exterior del sector vitivinícola propicia la emigración de muchas familias especialmente hacia Venezuela y Cuba. Además por esas fechas surge el interés por parte de la Corona de poblar aquellas zonas vacías de América a fin de evitar su ocupación por otras potencias como había ocurrido en el caso de los ingleses con Jamaica o los franceses con las Guayanas o el oeste de La Española, de manera que también importantes remesas de canarios y entre ellos tinerfeños parten hacia el nuevo destino colombino. La creciente agricultura cacaotera en Venezuela y tabaquera en Cuba, de finales del siglo XVII y principios del XVIII, contribuyó a la despoblación casi íntegra de localidades como Buenavista del Norte, Vilaflor o El Sauzal. Testigo de la historia emigrante de la isla es la fundación en las afueras de Santo Domingo del poblado de San Carlos de Tenerife en 1684. Este poblado fundado esencialmente por tinerfeños se creó con un claro objetivo estratégico ya que permitía preservar la ciudad del asedio de los franceses establecidos en la parte occidental de la isla de La Española. Entre 1720 y 1730 fueron trasladadas por la Corona 176 familias canarias, entre ellas numerosas tinerfeñas a la isla caribeña de Puerto Rico. En 1726, en torno a 25 familias isleñas emigraron a América para terminar fundando la ciudad de Montevideo. Cuatro años más tarde, en 1730, partió otro grupo que, al año siguiente, fundaría la ciudad de San Antonio de Texas, (Estados Unidos). Luego, entre 1777 y 1783, el puerto de Santa Cruz de Tenerife despide a los fundadores de San Bernardo, en el estado de Luisiana.
Desafortunadamente, debido a los problemas económicos derivados de la escasez de materias primas y de la lejanía con respecto a Europa, la emigración al continente americano, eminentemente a Cuba y Venezuela, continuó en los siglos XIX y principios del XX. Desde hace décadas, con las nuevas políticas de protección de la economía canaria y con el auge de la industria turística la dinámica migratoria se ha invertido, y hoy es Tenerife la que atiende el retorno de estos isleños, sus descendientes y otros inmigrantes perdurando así el influjo que germinó cinco siglos atrás.
Erupciones volcánicas históricas
Las erupciones volcánicas acontecidas en Tenerife de las que se tiene indudable constancia histórica se limitan a cuatro. La primera de ellas ocurrió en el año 1704, cuando entraron en erupción, de forma sincrónica, los volcanes de Arafo, Fasnia y Siete Fuentes. Dos años más tarde, en 1706, tuvo lugar la erupción de mayor magnitud de las históricas al entrar en erupción el volcán de Trevejo. Este arrojó grandes cantidades de lava que sepultaron la ciudad y puerto de Garachico, en aquel entonces el más importante de la isla. La última erupción volcánica del siglo XVIII se produjo en 1798 en las Cañadas de Teide, concretamente en Chahorra. Finalmente, en 1909 la actividad eruptiva irrumpió en el volcán de Chinyero, en el municipio de Santiago del Teide. Posteriormente a esa fecha y hasta la actualidad no se han producido nuevas erupciones en la isla. Además, a pesar de la naturaleza absolutamente volcánica de Tenerife, los cuatro episodios eruptivos históricos no han ocasionado víctima mortal alguna.
Historia reciente
Otros visitantes menos hostiles llegarían a la isla en siglos sucesivos. El naturalista Alexander von Humboldt ascendió el pico del Teide y comentó la belleza de la isla. Numerosos turistas comenzaron a visitar Tenerife a partir de la década de 1890, especialmente las ciudades norteñas de Puerto de la Cruz (primer municipio turístico de Tenerife mediante orden ministerial del 13 de octubre de 1955 que lo declaró ’Lugar de Interés Turístico’) y Santa Cruz de Tenerife.
En marzo de 1936, el general Francisco Franco fue destinado a Tenerife por el gobierno republicano, temeroso de su influencia militar y política, con el fin de alejarlo de los centros de poder. En el monte de La Esperanza, dentro del municipio de El Rosario, Franco organizó la conspiración militar que daría lugar a la Guerra civil española y a la caída de la II República Española.
La colisión entre dos aviones ocurrida el 27 de marzo de 1977 en el aeropuerto de Los Rodeos, al norte de la isla, sigue siendo el accidente con mayor número de muertos de la historia de la aviación. Los aviones implicados en la tragedia tenían como destino Gran Canaria, pero habían sido desviados a Los Rodeos debido a la explosión de una bomba (supuestamente colocada por el grupo terrorista separatista MPAIAC) en el aeropuerto grancanario.