La economía tinerfeña, al igual que la de otras islas de Canarias, se basa fundamentalmente en el turismo. Ya en el siglo XIX y gran parte del XX destacaba la afluencia de turismo extranjero, sobre todo del inglés debido a los intereses agrarios que poseía en esta isla.
Más tarde con las guerras mundiales este sector se resiente, pero entrada la segunda mitad del pasado siglo comienza a evolucionar de un modo muy notable. En un principio destaca el Puerto de la Cruz por su bondadoso clima y por todos los atractivos que el Valle norteño de La Orotava concentraba, pero persiguiendo captar el turismo de sol y playa, alrededor de 1980 nace el boom turístico del sur de Tenerife, donde destacan ciudades como Arona o Adeje, en torno a núcleos turísticos como Los Cristianos o Playa de Las Américas que hoy albergan más del 65% de las plazas hoteleras de toda la isla. Tenerife recibe cada año más de 5.000.000 de turistas, siendo de este modo, de entre todo el archipiélago canario, la isla preferida a este respecto. Sin embargo, este dato también pone de manifiesto la gran cantidad de recursos que esta actividad consume (espacio, energía, agua, etc.).